lunes, 13 de febrero de 2017

La inalcanzable belleza de Cetina

by: Manuel Beleche

Gutierre de Cetina fue un soldado y poeta nacido en Sevilla el año de 1520. De joven acompañó al emperador Carlos I -como soldado que era- en algunos viajes por España, Alemania e Italia.  Pertenecía a una familia noble, por ende, acomodada. En distintas ocasiones viajó a México junto con su tío Gonzalo López. Fue en este país, en el estado de Puebla, donde muere el año de 1557. Se dice que el poeta murió en manos de un rival: Hernando Nava, cuando cortejaba a Leonor de Osma, sin embargo, otros biógrafos señalan que Cetina muere al recibir unas puñaladas que no iban dirigidas a él.
En su composición poética se ve la influencia de Francisco de Petrarca, Ausiás March y Garcilaso de la Vega. En sus composiciones juveniles utilizó el pseudónimo de Vandalio. Y dando fe de su influencia petrarquista, escribe una canción con este estilo constituido por sonetos. Su poema más célebre es “Ojos claros, serenos” dedicado a la condesa Laura Gonzaga.
En dicho poema el auto recalca la belleza que tienen los ojos de la dama a pesar de que lo miran con desprecio. Cetina describe en este poema, como lo hizo Petrarca, a la mujer como un propósito inalcanzable, o a la inalcanzable Laura (de ambos poetas):
Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
En el fragmento anterior, Cetina hace una especie de reclamación del porqué si él alaba su belleza, ella lo mira con desprecio. En el fragmento que se presentará adelante se puede ver cómo de una reclamación el poeta pasa a ser una advertencia a la dama sobre la perdida de la belleza, la cual consiste en la auto-observación de ella misma, dejando claro que la belleza consiste no sólo en lo físico sino que también toma parte el comportamiento moral y espiritual:
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
Sin embargo, el poeta cree que es mejor ser visto con desencanto por los bellos ojos de la dama a no ser visto jamás. Ha de conformarse con la mirada de desprecio, ya que la dama es un ser inalcanzable o él no está al alcance de sus propósitos:
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.
Todo el poema en sí, es una composición lírica breve italianizante -que como su nombre indica- originaria de Italia. Está dentro del periodo Renacentista por lo que, como ya se ha dicho, ensalza la belleza. Es de un tema amoroso y de resignación ante lo que nunca se pudo lograr. Es también, una combinación libre de versos endecasílabos y heptasílabos rimados en consonante:
A Ojos claros, serenos,
B si de un dulce mirar sois alabados,
B ¿por qué, si me miráis, miráis airados?
C Si cuanto más piadosos,
D más bellos parecéis a aquel que os mira,
D no me miréis con ira,
C porque no parezcáis menos hermosos.
C ¡Ay tormentos rabiosos!
A Ojos claros, serenos,
A ya que así me miráis, miradme al menos.
En este segundo poema, Gutierre de Cetina trata de nueva cuenta el tema del amor; contempla la belleza de la mujer. En esta ocasión está dedicado a María de Mendoza, a la cual alaga y describe como la mujer más bella ante personas u objetos. En el fragmento de abajo declara la belleza desde su postura solamente personal, se nota en él la maravilla y el deslumbramiento que quiere no solamente admirarlo él, sino que todo el mundo contemple lo que él ha visto.
Yo diría de vos tan altamente
que el mundo viese en vos lo que yo veo,
si tal fuese el decir cual el deseo.
Más adelante va a hacer notar su entusiasmo por la mujer aún más exagerado. Con tono de encanto, los versos demuestras a un hombre que no puede aceptar más belleza que la de María, ante ella, hasta el sol es inferior en hermosura:
Mas si fuera del más hermoso cielo,
acá en la mortal gente,
entre las bellas y preciadas cosas,
no hallo alguna que os semeje un pelo,
sin culpa queda aquel que no os atreve.
El blanco, el cristal, el oro y rosas,
los rubís, y las perlas, y la nieve,
delante vuestro gesto comparadas,
son ante cosas vivas, las pintadas.
Ante vos las estrellas,
como delante el sol, son menos bellas.
El sol es más lustroso,
mas a mi parescer no es tan hermoso.
¡Qué puedo, pues, decir, si cuanto veo,
todo ante vos es feo!
Mudaos el nombre, pues, señora mía:
vos os llamad beldad, beldad María.
Ya en el poema No miréis más Cetina vendrá a exponer la misma belleza de la mujer, pero con una cruel consecuencia, el posible desamor. También trata de mostrar que la belleza es cruel quizá por ser mal correspondido. Como en los dos primeros poemas, éste trata de resaltar el bien que hace la belleza pero también habla del perjuicio por lo cruel que en ocasiones es ésta:
No miréis más, señora,
con tan grande atención esa figura,
no os mate vuestra propia hermosura.

Huid, dama, la prueba
de lo que puede en vos la beldad vuestra.
Y no haga la muestra
venganza de mi mal piadosa y nueva.

El triste caso os mueva
del mozo convertido entre las flores
en flor, muerto de amor de sus amores.

           Como se puede ver, Cetina recae por lo inalcanzable (la mujer) y le advierte que se cuide de su propia belleza, pues así como ha hecho daño a otros, así mismo puede causarle daño a ella. Le pide que huya de la insistencia  de lo hermoso, pues a pesar de que a él lo ha dañado, no quiere que a ella también le suceda igual. En el último verso se puede notar que le pide se fije en él para ver las causas negativas de la belleza.
En Cubrir los bellos ojos canta o declama a la traición de la mujer. Es un tono un tanto doloroso que hace representar bien en cada verso. Aquí, a diferencia de en Ojos Claros y serenos, sí sucedió el amor; no canta entonces al inalcanzable amor, sino al perdido amor. Y aunque la traición y el dolor es notable nunca le falta el respeto a la dama, antes al contrario, le hace ver que el engaño es menor a la felicidad por ella recibida.  Le pide que cubra sus ojos como una forma de alejarse de él o así evitar seguirla mirando a los ojos:
Cubrir los bellos ojos
con la mano que ya me tiene muerto,
cautela fue por cierto;
que ansí doblar pensastes mis enojos.

Pero de tal cautela
harto mayor ha sido el bien que el daño,
que el resplandor extraño
del sol se puede ver mientras se cela.

Así que aunque pensastes
cubrir vuestra beldad, única, inmensa,
yo os perdono la ofensa,
pues, cubiertos, mejor verlos dejastes.

Gutierre Cetina expone, en los poemas analizados en este ensayo, la belleza como algo deslumbrante y merecedora de todo, de la vida  incluso, sin embargo también es consciente del mal que éste puede traer, como la desilusión en vano o la desilusión, a pesar de ello nunca deja de admirar la belleza y verla como un todo. La belleza para Cetina es lo deseable e inalcanzable.







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