La inalcanzable belleza de Cetina
by: Manuel Beleche
Gutierre
de Cetina fue un soldado y poeta nacido en Sevilla el año de 1520. De joven
acompañó al emperador Carlos I -como soldado que era- en algunos viajes por
España, Alemania e Italia. Pertenecía a
una familia noble, por ende, acomodada. En distintas ocasiones viajó a México
junto con su tío Gonzalo López. Fue en este país, en el estado de Puebla, donde
muere el año de 1557. Se dice que el poeta murió en manos de un rival: Hernando
Nava, cuando cortejaba a Leonor de Osma, sin embargo, otros biógrafos señalan
que Cetina muere al recibir unas puñaladas que no iban dirigidas a él.
En
su composición poética se ve la influencia de Francisco de Petrarca, Ausiás
March y Garcilaso de la Vega. En sus composiciones juveniles utilizó el
pseudónimo de Vandalio. Y dando fe de su influencia petrarquista, escribe una
canción con este estilo constituido por sonetos. Su poema más célebre es “Ojos
claros, serenos” dedicado a la condesa Laura Gonzaga.
En
dicho poema el auto recalca la belleza que tienen los ojos de la dama a pesar
de que lo miran con desprecio. Cetina describe en este poema, como lo hizo
Petrarca, a la mujer como un propósito inalcanzable, o a la inalcanzable Laura
(de ambos poetas):
Ojos claros,
serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
En
el fragmento anterior, Cetina hace una especie de reclamación del porqué si él
alaba su belleza, ella lo mira con desprecio. En el fragmento que se presentará
adelante se puede ver cómo de una reclamación el poeta pasa a ser una
advertencia a la dama sobre la perdida de la belleza, la cual consiste en la
auto-observación de ella misma, dejando claro que la belleza consiste no sólo
en lo físico sino que también toma parte el comportamiento moral y espiritual:
Si cuanto más
piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
Sin
embargo, el poeta cree que es mejor ser visto con desencanto por los bellos
ojos de la dama a no ser visto jamás. Ha de conformarse con la mirada de
desprecio, ya que la dama es un ser inalcanzable o él no está al alcance de sus
propósitos:
¡Ay tormentos
rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.
Todo
el poema en sí, es una composición lírica breve italianizante -que como su
nombre indica- originaria de Italia. Está dentro del periodo Renacentista por
lo que, como ya se ha dicho, ensalza la belleza. Es de un tema amoroso y de
resignación ante lo que nunca se pudo lograr. Es también, una combinación libre
de versos endecasílabos y heptasílabos rimados en consonante:
A Ojos claros,
serenos,
B si de un dulce mirar sois alabados,
B ¿por qué, si me miráis, miráis airados?
C Si cuanto más piadosos,
D más bellos parecéis a aquel que os mira,
D no me miréis con ira,
C porque no parezcáis menos hermosos.
C ¡Ay tormentos rabiosos!
A Ojos claros, serenos,
A ya que así me miráis, miradme al menos.
B si de un dulce mirar sois alabados,
B ¿por qué, si me miráis, miráis airados?
C Si cuanto más piadosos,
D más bellos parecéis a aquel que os mira,
D no me miréis con ira,
C porque no parezcáis menos hermosos.
C ¡Ay tormentos rabiosos!
A Ojos claros, serenos,
A ya que así me miráis, miradme al menos.
En
este segundo poema, Gutierre de Cetina trata de nueva cuenta el tema del amor;
contempla la belleza de la mujer. En esta ocasión está dedicado a María de
Mendoza, a la cual alaga y describe como la mujer más bella ante personas u
objetos. En el fragmento de abajo declara la belleza desde su postura solamente
personal, se nota en él la maravilla y el deslumbramiento que quiere no
solamente admirarlo él, sino que todo el mundo contemple lo que él ha visto.
Yo diría de vos tan
altamente
que el mundo viese en vos lo que yo veo,
si tal fuese el decir cual el deseo.
que el mundo viese en vos lo que yo veo,
si tal fuese el decir cual el deseo.
Más
adelante va a hacer notar su entusiasmo por la mujer aún más exagerado. Con
tono de encanto, los versos demuestras a un hombre que no puede aceptar más
belleza que la de María, ante ella, hasta el sol es inferior en hermosura:
Mas
si fuera del más hermoso cielo,
acá en la mortal gente,
entre las bellas y preciadas cosas,
no hallo alguna que os semeje un pelo,
sin culpa queda aquel que no os atreve.
El blanco, el cristal, el oro y rosas,
los rubís, y las perlas, y la nieve,
delante vuestro gesto comparadas,
son ante cosas vivas, las pintadas.
Ante vos las estrellas,
como delante el sol, son menos bellas.
El sol es más lustroso,
mas a mi parescer no es tan hermoso.
¡Qué puedo, pues, decir, si cuanto veo,
todo ante vos es feo!
Mudaos el nombre, pues, señora mía:
vos os llamad beldad, beldad María.
acá en la mortal gente,
entre las bellas y preciadas cosas,
no hallo alguna que os semeje un pelo,
sin culpa queda aquel que no os atreve.
El blanco, el cristal, el oro y rosas,
los rubís, y las perlas, y la nieve,
delante vuestro gesto comparadas,
son ante cosas vivas, las pintadas.
Ante vos las estrellas,
como delante el sol, son menos bellas.
El sol es más lustroso,
mas a mi parescer no es tan hermoso.
¡Qué puedo, pues, decir, si cuanto veo,
todo ante vos es feo!
Mudaos el nombre, pues, señora mía:
vos os llamad beldad, beldad María.
Ya
en el poema No miréis más Cetina
vendrá a exponer la misma belleza de la mujer, pero con una cruel consecuencia,
el posible desamor. También trata de mostrar que la belleza es cruel quizá por
ser mal correspondido. Como en los dos primeros poemas, éste trata de resaltar
el bien que hace la belleza pero también habla del perjuicio por lo cruel que
en ocasiones es ésta:
No miréis más,
señora,
con tan grande atención esa figura,
no os mate vuestra propia hermosura.
Huid, dama, la prueba
de lo que puede en vos la beldad vuestra.
Y no haga la muestra
venganza de mi mal piadosa y nueva.
El triste caso os mueva
del mozo convertido entre las flores
en flor, muerto de amor de sus amores.
con tan grande atención esa figura,
no os mate vuestra propia hermosura.
Huid, dama, la prueba
de lo que puede en vos la beldad vuestra.
Y no haga la muestra
venganza de mi mal piadosa y nueva.
El triste caso os mueva
del mozo convertido entre las flores
en flor, muerto de amor de sus amores.
Como se puede ver, Cetina recae por lo inalcanzable (la mujer) y le advierte que se cuide de su propia belleza, pues así como ha hecho daño a otros, así mismo puede causarle daño a ella. Le pide que huya de la insistencia de lo hermoso, pues a pesar de que a él lo ha dañado, no quiere que a ella también le suceda igual. En el último verso se puede notar que le pide se fije en él para ver las causas negativas de la belleza.
En
Cubrir los bellos ojos canta o
declama a la traición de la mujer. Es un tono un tanto doloroso que hace
representar bien en cada verso. Aquí, a diferencia de en Ojos Claros y serenos, sí sucedió el amor; no canta entonces al
inalcanzable amor, sino al perdido amor. Y aunque la traición y el dolor es
notable nunca le falta el respeto a la dama, antes al contrario, le hace ver
que el engaño es menor a la felicidad por ella recibida. Le pide que cubra sus ojos como una forma de
alejarse de él o así evitar seguirla mirando a los ojos:
Cubrir los bellos
ojos
con la mano que ya me tiene muerto,
cautela fue por cierto;
que ansí doblar pensastes mis enojos.
Pero de tal cautela
harto mayor ha sido el bien que el daño,
que el resplandor extraño
del sol se puede ver mientras se cela.
Así que aunque pensastes
cubrir vuestra beldad, única, inmensa,
yo os perdono la ofensa,
pues, cubiertos, mejor verlos dejastes.
con la mano que ya me tiene muerto,
cautela fue por cierto;
que ansí doblar pensastes mis enojos.
Pero de tal cautela
harto mayor ha sido el bien que el daño,
que el resplandor extraño
del sol se puede ver mientras se cela.
Así que aunque pensastes
cubrir vuestra beldad, única, inmensa,
yo os perdono la ofensa,
pues, cubiertos, mejor verlos dejastes.
Gutierre
Cetina expone, en los poemas analizados en este ensayo, la belleza como algo
deslumbrante y merecedora de todo, de la vida
incluso, sin embargo también es consciente del mal que éste puede traer,
como la desilusión en vano o la desilusión, a pesar de ello nunca deja de
admirar la belleza y verla como un todo. La belleza para Cetina es lo deseable
e inalcanzable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario